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El profesor Jhonson

  • Foto del escritor: Alvaro Panzitta
    Alvaro Panzitta
  • 21 nov 2023
  • 3 Min. de lectura

Rojito, el tricératops, había nacido poco tiempo atrás a unos kilómetros del Valle, junto a una nidada de distintas especies. Los padres se habían tenido que trasladar por la sequía, dejando a un iguanodonte hembra como nodriza del grupo. Una vez nacidos comenzaron la travesía para buscar a sus progenitores, alcanzaron una cascada en la que decidieron beber, sin percatarse que dos cocodrilos prehistóricos los acechaban. El jefe quería devorarlos, pero su súbdito no porque eran apenas unos cachorros. Ambas bestias pelearon a muerte, no sin antes matar a la nodriza. Los pequeños alcanzaron a la manada que peregrinaba hacia las tierras fértiles y Rojito se encontró con su padre, al igual que Placas –el estegosaurio–, que encontró a su madre y a sus hermanos mayores Azuploc y Placoll. Vert, el otro pequeño triceratops también halló a su progenitor, y Docus, el diplodocus al propio, de nombre Melort. Siguieron la marcha hasta que unos tiranosaurios aparecieron para devorarlos. El padre de Rojito dio la orden de retirada y excepto Guan (uno de los iguanodontes), el resto logró escapar. Llegaron a las cuevas previas al Valle, donde un cocodrilo gigante dormía, pasaron sin hacer ruido para no despertarlo, pero al entrar el último–una cría de iguanodonte de nombre Gule– Geittor se despertó y lo mató. Una avalancha sepultó a Vert. Y el resto accedió a la tierra perdida.

Rojito, aun siendo cachorro, sentía atracción por las cosas que otros hubieran considerado peligrosas. Por eso no se preocupó por la esfera que apareció un día en los confines de su territorio. Curioso se introdujo en ella, y fue transportado al futuro donde lo esperaba un cazador humano, apodado Fuerzato –descendiente de un tal Henry Strongman. Al comprobar que podía transportar materia orgánica viva de un tiempo a otro, Fuerzato volvió al pasado, dejando cautivo al pequeño y rojizo herbívoro. La máquina del tiempo no era el único invento que los hombres habían diseñado en el futuro, también existía el Zoocomunicador, con el cual podían interactuar con los animales y dominarlos. Así conquistó a Rex, el tiranosaurio, a quien también llevó consigo como perro de caza. Su intención era hallar el mismo valle en el futuro, para poder capturar una mayor cantidad de dinosaurios vivos y hacerse millonario, ya que no había manera de llevarlos a todos desde los tiempos de antaño. Pero al retornar a su hogar, Rojito ya no estaba, sino que había sido rescatado por un grupo de exploradores, liderado por el profesor Jhonson, su colega el Prof. Uggu y el ayudante de este último: Ugüeño. Acorralado por sus adversarios, Fuerzato destruyó la nave y se vio obligado a escapar del continente asiático, dejando libre a Rex, que fue sedado a tiempo por sus rivales.

–No hay manera que el triceratops vuelva a su hogar –dijo Jhonson apenado–, pero con los mapas trazados por Strongman podemos ubicar el valle y llevarlo allí.

La expedición partió con Rojito hacia Kayip Vadi, que estaba intacto y lleno de vida prehistórica. El sitio fue rebautizado temporalmente Bilinmeyen Arazi o Tierra Desconocida. Y Rex fue congelado en el laboratorio de Uggu para poder ser estudiado. Al salir del Valle, los restos de Geiteitor –descendiente de Geittor– asombraron a los hombres. Más aún al descubrir a su cría viva: Goti. Tiempo después, los profesores intentaron crear una reserva natural en Arazi, pero un terremoto destruyó parte del proyecto y con ello su sueño de preservación. Incluso algunos Grandes Lagartos perecieron, haciendo que el equipo se deprimiera.

–El triceratops sobrevivió –dijo Roxana, la esposa del profesor Jhonson, en referencia a Rojito–. Agustina y yo seguiremos intentándolo, aunque ustedes se den por vencidos –añadió, señalando a la mujer de Ugüeño, su mejor amiga.


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